guillermo escribió:que bonito se ve,y el capitan por cierto ya me diras los colores de las figuras,.../...
Gracias por tus palabras, pero aún falta mucho trabajo para terminar la composición final. Y permíteme recordar el momento que deseo representar
El 15 de enero a las 2,30 de la tarde, y aprovechando una espesa niebla
que ocultaba los preparativos, partió la barca artillada Nuestra Señora del
Portillo aguas arriba de la ciudad. La barca se desplazaba sigilosamente
arrastrada por sirga desde la orilla y llegando al Soto de Mezquita quedó
amarrada, los tripulantes descendieron y atacaron al enemigo. Pero dejemos
que sea el mismo Comandante responsable de esta operación, el capitán
Nicolás Henarejos, que nos lo cuente por su propia pluma:
“D. Nicolás Henarejos, capitán del batallón de tropas ligeras de Floridablanca, y
como Comandante que soy de la Lancha de fuerza nombrada Nuestra
Señora del Portillo, participo a V.E. que, consiguiente a su orden para que
dedique todos mis desvelos a incomodar y hacer el posible daño del enemigo,
salí a las dos y media de la tarde de este día con mi dicha lancha
aguas arriba, disponiendo que los individuos que tiraban de la sirga llevasen
sus fusiles a la espalda, y que el cañón y obuses fuesen en disposición
de hacer un pronto fuego, con todas las demás precauciones conducentes
a evitar sorpresa. En efecto, al llegar frente al Soto de Mezquita y
de la batería que el enemigo tiene a espaldas del Castillo, hice amarrar la
lancha. La tripulación, que es aragonesa, salió hacia dicho bosque,
batiendo con el mayor denuedo a los franceses que en él había, los que, a
pesar del corto número que se componía dicha tripulación, fueron rechazados
hasta mucha distancia, retirándose aquella convencida del buen
resultado de la acción. Luego que se rompió el fuego de la artillería,
correspondió el enemigo con solo tres balas rasas, una después de la otra,
las que pasaron la primera muy baja por encima de la lancha, y las otras
dos a muy corta distancia de esta, lo que me hizo creer se hallaba ya imposibilitado
de continuar el fuego, mas no podía advertir en razón de la niebla
el daño que se les causaba: seguí el fuego, variando algo la puntería
a fin de recorrer toda la batería enemiga, hasta que, concluidas todas las
municiones, se me hizo indispensable partir en retirada, la que auxilió con
un pronto fuego la batería de Sancho”.