Combate Trafalgar, Parte oficial de Campaña

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Combate Trafalgar, Parte oficial de Campaña

Mensajepor Webmaster » 14 Feb 2011, 23:52

Por D. Antonio de Escaño. Mayor General de la Escuadra española.

Parte de Campaña: Antonio de Escaño al Príncipe de la Paz.

« Excmo. Sr.: La situación en que está el teniente general don Federico Gravina de resultas de un balazo de metralla que al fin de acción de ayer recibió en su brazo izquierdo, no le permite dar a V. E. una noticia de este combate sangriento, y aunque yo he tenido la fortuna de derramar mi sangre por el honor de las armas del Rey nuestro amo, recibiendo otro en la pierna, hallándome sin embargo menos agravado que el bizarro y dignísimo general en jefe a quien S. M., por la justa confianza que le merece, había conferido el mando de su armada, me encuentro en la triste pero necesaria obligación de desempeñar el encargo de poner en noticia de V. E. que nuestros esfuerzos y el heroico abandono de nuestros días no han alcanzado a evitar una pérdida, que sería considerable sin no estuviésemos tan firmemente convencidos que nada nos quedó que hacer y que, por consecuencia, se salvó el honor.

Yo sé que por el último correo y con fecha del dieciocho, había dado cuenta a V. E. el general Gravina, cómo el almirante Villeneuve le había manifestado que estaba resuelto a dar la vela al siguiente día, y que deseaba saber si la armada española estaba en disposición de verificarlo. V. E. no ignora cuál fue la contestación del General, reducida a que lista y pronta su escuadra, seguiría los movimientos de la francesa, y que tales eran las reiteradas órdenes que V. E. le tenía comunicadas.

Con este conocimiento se restituyó a su bordo el almirante francés, y seguidamente puso las señales de suspender las anclas y meter dentro las embarcaciones menores; señales que se repitieron inmediatamente en este navío Príncipe de Asturias, y que fueron seguidas de las más estrechas y urgentes providencias para que se retirasen los apostaderos y se reembarcasen la tropa de Artillería y gente de mar que con varios destinos teníamos en tierra.

La mañana del diecinueve dieron la vela algunos buques españoles y franceses en cumplimiento de la señal hecha por el almirante Villeneuve, y no lo verificamos todos aquel día por haber rolado el viento al SO; pero con viento al ESE pudieron ejecutarlo sucesivamente en la mañana del veinte.

Apenas se hallaba fuera de la boca de este puerto la armada combinada cuando el viento se escaseó hasta el SSO, tan fuerte y con tan malas apariencias que una de las primeras señales que salieron del Bucentaure, en que tenía arbolada su insignia el almirante Villeneuve, fue la de encargar el que se navegase con dos rizos tomados a las gavias. Esta escaseada produjo necesariamente una gran dispersión hasta las dos de la tarde, que felizmente se llamó el viento al SO y claros y despejados los horizontes, se mandó por señal la formación de cinco columnas y la de unión. Una fragata avanzada indicó por señal dieciocho velas enemigas a la vista, y en consecuencia de esta advertencia se navegaba con los zafarranchos hechos y preparados a entrar en combate.

A las tres se viró por redondo a un tiempo y nos pusimos en demanda del Estrecho, conservando la misma formación de cinco columnas en que estábamos antes de este movimiento. Después de haberlo ejecutado advertimos cuatro fragatas enemigas que por orden del almirante Villeneuve fueron cazadas por las nuestras, y en este navío se mandó al Achille, Algésiras y San Juan, como dependientes de la escuadra de observación, el que reforzasen los cazadores, con la prevención de que antes del anochecer quedasen reunidos al cuerpo fuerte de la armada.

A las siete y media de la noche nos dio un navío francés aviso de que el Achille había reconocido dieciocho navíos enemigos que estaban en línea de batalla, y seguidamente empezamos a ver, y no a mucha distancia, varios tarros de luz, que no podían salir sino de las fragatas enemigas que estaban interpoladas entre las dos armadas. A las nueve hizo señales la escuadra enemiga al cañón, y por el intervalo que corrió entre fogonazo y el ruido, que fue de ocho segundos, distaban dos millas de nosotros. Indicamos por señal de faroles al general francés que era preciso formar la línea de batalla sobre los navíos sotaventados, la misma que repitió después al cañón aquel jefe, y en esta formación amanecimos el veintiuno con los enemigos a la vista en número de veintiocho navíos, ocho de ellos de tres puentes, a barlovento nuestro y en línea de batalla de la mura contraria.

A las siete de la mañana arribaron los enemigos en diferentes columnas y sobre nuestra escuadra con dirección al centro y retaguardia, por lo que el almirante Villeneuve ordenó una virada por redondo a un tiempo, resultando de este movimiento el que quedara a retaguardia la escuadra de observación del mando del general Gravina.

A este movimiento se siguió la señal hecha por el almirante francés de que ciñese el viento el navío de la cabeza y la de que todos siguiesen sus aguas, lo que obligó a que arribase la armada para su alineación. El general Gravina prescribió a su escuadra las señales más oportunas para que se ejecutasen estos movimientos con aquella celeridad y prontitud que exigían las circunstancias, y al aproximarse el enemigo encargó la de estrechar las distancias y rectificar el orden.

A las doce menos ocho minutos de la mañana un navío inglés de tres puentes con insignia al tope del trinquete atravesó nuestra línea por el centro, sosteniéndole en su ejecución los navíos que venían por sus aguas. Todos los demás cabezas de columnas de la escuadra practicaron lo mismo. Una de ellas dobló nuestra retaguardia, cruzó otra tercera por entre el Achille y el San Ildelfonso, y desde este momento la acción se limitó a combates sangrientos particulares a tiro de pistola la mayor parte de ellos, resultando como consecuencia necesaria algunos abordajes.

No tengo los elementos precisos e indispensables para informar a V. E. por ahora de estas acciones particulares, ni puedo tampoco hablar de los movimientos de la vanguardia, que me aseguran viró desde el principio del combate para sostener los cuerpos atacados. Lo que sí puedo afirmar a V. E. es que todos los navíos tanto franceses como españoles que se batieron a mi vista llenaron completamente sus deberes, y que este navío, después de cuatro horas de un combate horroroso con tres o cuatro enemigos, con todas sus jarcias cortadas, sin estays, sin poder dar vela, y los palos agujereados, atravesados a balazos, en cuya situación ciertamente triste fue oportunamente socorrido por los navíos San Justo español y Neptune francés, cuya reunión alejó los enemigos, y proporcionó la incorporación del Rayo, Montañés y San Leandro, que estaban maltratados, con otros navíos franceses que no tenían mejor suerte.

Luego que este navío se vio libre de enemigos, se mandó a los incorporados que sostuviesen en la acción a los que se hallaban con desventaja en ella; y al anochecer, cesado el fuego por todas partes, se previno a la fragata Thémis nos remolcase hasta la bahía de Cádiz, en la que no fue posible entrar aquella noche por haberse llamado el viento al SSE fuerte con aguaceros, que nos obligó a fondear a la una y media en el placer de Rota con los navíos mencionados arriba; y habiendo refrescado más, desarbolamos de los palos de mayor y mesana, no obstante las medidas marineras que se habían tomado para su seguridad, como desarboló también el San Leandro que estaba fondeado en nuestras inmediaciones.

No puedo menos de cumplir con una obligación que me es bien gustosa, poniendo en noticia de V. E. la noble y generosa emulación con que a competencia se esmeraban en el desempeño de sus respectivos deberes los oficiales de guerra de este navío, los ayudantes de la Mayoría de mi cargo y la tripulación y guarnición de él, tanto de Tierra como de Marina, y yo me complazco en tributarles estos elogios a que se han hecho acreedores por su bizarra conducta durante el combate.

En él hemos tenido cuarenta y un muertos, entre estos el alférez de navío don Luís Pérez del Camino y ciento siete heridos graves, en cuyo número el teniente de Voluntarios de la Corona don Bernardo Corral y el brigadier de guardiamarinas don Alejandro Rúa. He sabido que el capitán de navío don Francisco Alcedo, comandante del Montañés, fue muerto en la acción y herido gravemente su segundo el capitán de fragata don Antonio Castaños. Otras muchas pérdidas de excelentes oficiales debe haber hecho sin duda el Cuerpo General de la Armada, pues varios buques nuestros fueron enteramente desarbolados de todos sus palos, y esta catástrofe generalmente viene acompañada de desgracias que son inevitables.

Cuando tenga conocimiento de ellas las elevaré a la noticia de V. E. con la remisión de los estados de averías.

Dios guarde a V. E. muchos años. — Navío Príncipe de Asturias, al ancla en el placer de Rota, a 23 de octubre de 1805. — Excmo. Sr., besa la mano de V. E. su más atento servidor, Antonio de Escaño. Excmo. Sr. Príncipe de la Paz. »

Publicado en La Gaceta de Madrid, nº 89, del 5 de noviembre de 1805.

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Re: Combate Trafalgar, Parte oficial de Campaña

Mensajepor denetor » 15 Feb 2011, 22:54

Personalmente, creo que en con ref. a este relato y en muchos otros temas históricos de una transcendencia similar, tenemos que empezar a estudiar con mas interés las crónicas españolas, que por otra parte son más de fiar, y poner más énfasis en estudiar con más precaución y recelo las versiones que durante tanto tiempo nuestros propios historiadores han dado por "supuestamente buenas" que mira por donde en la mayoría de los casos provienen del bando contrario.

No sé por qué, pero sobretodo nuestros queridos socios ingleses, siempre han sacado tajada de nuestra memoria histórica, da igual que les enseñasemos a navegar, o que nuestras derrotas nunca fueran tan desastrosas, que sus victorias no sean tal, ellos siempre han proclamado su victoria antes de la batalla, y siempre han tapado sus numerosísimas derrotas, mil veces mejor que nosotros, dan a entender que cuando vencen lo hacen con valor, pero en la piratería y el corso siempre fueron maestros, aunque que casualidad, los adelantados fuimos nosotros... ;)
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